(J. B. Scalabrini, Regla
del la Congregación de los Misioneros de San Carlos,
Piacenza, 1895, n 321)
Los religiosos están
comprometidos a observar las presentes Reglas de Vida,
aunque de por sí no obligan bajo pecado, a menos que se
trate de materia de votos, de leyes divinas y
eclesiásticas.
"Cada miembro de la Congregación debe
considerarlas como la expresión de la voluntad
divina respecto de él, el medio particular para
su santificación y la de los prójimos confiados
a su cuidado, y amarlas y practicarlas con la
mayor exactitud y fidelidad
De su
observancia saldrá la fuerza y el crecimiento
del Instituto; saldrá la paz y la concordia de los
Misioneros donde quiera que se encuentren;
saldrá el apoyo mutuo, el contento incluso en
las dificultades, las penas, y las
persecuciones: por último la santa
perseverancia en la divina vocación y una rica
corona de gloria en la eternidad
bienaventurada"