XIII ENCUENTRO DE PASTORAL FRONTERIZA COLOMBO - ECUATORIANA

LOS OBISPOS DE LAS DIÓCESIS FRONTERIZAS

 

Nosotros, los Obispos de las Diócesis fronterizas de Ipiales, Tulcán, Tumaco, Esmeraldas, Ibarra, Mocoa-Sibundoy, Sucumbios y Puerto Leguízamo, nos hemos reunido en el XIII Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza en la ciudad de Ibarra (Ecuador) del 22 al 24 de marzo de 2004. Nos acompañaron los delegados de Pastoral fronteriza de nuestras diócesis y representantes de las Conferencias Episcopales de Ecuador y Colombia, organizaciones promotoras de derechos humanos, autoridades civiles y militares, organizaciones internacionales solidarias, que nos apoyan en la búsqueda de soluciones a los problemas que se presentan con el paso de personas entre los dos países.  En esta ocasión queremos expresar nuestro mensaje de aliento a todas las personas que desde los diferentes campos de acción trabajan en favor de nuestras poblaciones. Al mismo tiempo queremos expresar a las autoridades de ambos países, que tienen que ver con las migraciones, algunas inquietudes.

El notable deterioro de los principios éticos y morales en la zona de frontera colombo-ecuatoriana ha dado un enfoque especial a nuestro Encuentro, que nos impulsa a promover y defender los Derechos Humanos, el respeto por la dignidad humana, la cultura de la solidaridad y a exhortar y propender por la resolución democrática y pacífica de los conflictos.

En los trece años de nuestro camino de acompañamiento a las poblaciones fronterizas  hemos logrado importantes avances en la solución de algunos problemas: hemos ayudado a muchas personas con la adquisición de sus documentos de identidad, a regularizar su situación de permanencia en el país y se han adelantado eficaces acciones humanitarias. Hemos trabajado también en la defensa de los derechos humanos de las personas que por alguna circunstancia fueron internadas en las cárceles y se han hecho diversas campañas para lograr su traslado a las cárceles del país de origen.

Una de las urgencias que ahora tenemos es reafirmar la fe en la hermandad de  nuestros pueblos de Colombia y Ecuador y convocar la ayuda mutua y la eficaz solidaridad con los sectores sociales vulnerados, vulnerables y excluidos por la violencia y la pobreza.  Por eso los problemas fronterizos queremos enfocarlos más en el desarrollo integral de los pueblos que únicamente en la atención de las normas y procedimientos que se han expedido sobre este tema.  Por eso queremos invocar la voluntad de los Gobiernos de ambos países para lograr el desarrollo y la búsqueda de la paz e insistir más en la necesidad de los cambios sociales  y  la promoción de nuestros pueblos antes que en la militarización de la frontera.

Vemos la urgencia de la elaboración en forma concertada y participativa con la sociedad civil binacional del Reglamento del Estatuto Migratorio Permanente firmado en Bogotá el veinticuatro de agosto del 2000.

Somos conscientes de que los acontecimientos de los últimos años han agravado la situación fronteriza entre los dos países y nos preocupa mucho las nuevas determinaciones que ambos gobiernos quieren tomar, las cuales pueden poner en graves dificultades a las personas que hoy se encuentran en situación irregular.

Ante esta realidad tenemos que recordar que muchas veces exigimos a terceros países que sean condescendientes con nuestros connacionales que han inmigrado a ellos. Sin embargo nosotros no nos acogemos mutuamente a pesar de ser dos países con una misma historia, una misma cultura,  una misma idiosincrasia. Todo esto forma un ancestro común que debería propiciar una fraternal relación, una expedita comunicación y fácil tránsito y permanencia de nuestros connacionales.

Recogiendo la posición de los Presidentes de Colombia y Ecuador, reunidos en Quito 22 de agosto de 2003, conscientes del drama humano que enfrentan decenas de miles de inmigrantes ecuatorianos y colombianos en situación irregular  residentes en las dos repúblicas y con el fin de dar solución a este serio problema,  nosotros exhortamos a las autoridades binacionales para que promuevan la amnistía calificada, a través del mecanismo denominado Visa Convenio y, además, la reducción sustancial de los aranceles de  Visas y legalizaciones.

Frente a la incoherencia y desinformación normativa aplicable a los aspectos migratorios instamos a las autoridades binacionales competentes a adelantar campañas de información integral, que orienten con claridad a los ciudadanos de los dos países sobre el conocimiento de las leyes y reglamentos aplicables y, con todo respeto, solicitamos que las dos Cancillerías  unifiquen criterios sobre contenidos legales y procedimientos.

Sugerimos que las autoridades locales y territoriales de frontera, gestionando el acompañamiento técnico y financiero internacional, diseñen e implementen programas, planes y proyectos de desarrollo socio - económico que dinamicen la economía de las comunidades de frontera para estimular el empleo, elevar el nivel de calidad de vida y garantizar la seguridad alimentaría de nuestras comunidades.

Recordamos la obligatoriedad de los Tratados y Convenios Internacionales suscritos por los Gobiernos ecuatoriano y colombiano relacionados con Derechos Humanos, Derecho Internacional Humanitario,  Derecho de Refugio y de no devolución.

Con su Santidad Juan Pablo II debemos "reafirmar con vigor que no puede haber auténtica paz sin justicia y sin respeto de los Derechos Humanos. De hecho existe un íntimo lazo entre Justicia y Paz, como ya lo ponía de manifiesto Isaías en el Antiguo Testamento: «La Paz es fruto de la justicia» (Isaías 32, 17)" (Mensaje para la jornada mundial del migrante y refugiado 2004).

"Las verdaderas fronteras no están entre países", expresaba Koffi Anan, Secretario General de Naciones Unidas. "Hoy las verdaderas fronteras están entre poderosos y débiles, entre fuertes y pusilánimes, entre libres y encadenados, entre privilegiados y humillados". Esto nos indica que las fronteras no deben ser lugares de división y confrontación sino espacios de encuentros solidarios.

Tenemos, pues, un imperativo inaplazable: combatir la pobreza, humanizar el conflicto armado, prevenir conflictos o resolverlos democráticamente, ayudar a los que sufren, aliviar su dolor, reivindicar los derechos de los humildes y promover el imperio de la razón y la conciencia en favor de la integración de los pueblos.

Ibarra, 24 de Marzo de 2004.