GLOBALIZANDO LA SOLIDARIDAD CON LOS MIGRANTES, REFUGIADOS Y DESPLAZADOS

PRIMER ENCUENTRO CONTINENTAL DE PASTORAL MIGRATORIA- MENSAJE

 

Convocados y convocadas por el Secretariado para la pastoral de la Movilidad Humana del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), nos hemos reunido en Bogotá, Colombia, laicos y laicas, religiosas, sacerdotes y obispos de  América, comprometidos en la Pastoral Migratoria, para realizar el Primer Encuentro Continental de Pastoral Migratoria, durante los días 7, 8 y 9 de mayo del año 2003. Hemos contado, además, con la amable presencia del Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes y de algunos de sus miembros, y representantes de la Comisión Católica Internacional para Migraciones y del Servicio Católico de Ayuda (CRS). El tema de este primer encuentro ha sido “globalizando la solidaridad con los migrantes, refugiados y desplazados”.

En este encuentro ha habido representaciones de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela.

Con la ayuda de la gracia de nuestro Señor Jesucristo, cuya resurrección hemos celebrado en la Santa Eucaristía, hemos analizado las tendencias actuales de la globalización y sus efectos sobre las migraciones, hemos evidenciado sus desafíos  y renovado nuestro compromiso de enfrentarlos para lograr un mundo distinto en el que los millones de personas que sufren la pobreza y por ello migran, sean reconocidos en su dignidad de seres humanos y tengan la oportunidad de vivir como tales.

Al finalizar el encuentro y con la convicción de estar llamados y llamadas para hacer de “la Iglesia una escuela y una casa de comunión”, enviamos esta carta de saludo y exhortación, con la que compartimos nuestros anhelos, preocupaciones, esperanzas, compromisos y peticiones, a los migrantes, hombres y mujeres, a las Iglesias particulares y  a los gobiernos de este continente.

1. A los y las migrantes y sus familias:

Queremos decirles que reconocemos la contribución positiva que ustedes aportan al desarrollo económico de los países en que viven.

Reafirmamos nuestro compromiso de acompañarlos en las diferentes etapas de la migración, y de promover y defender sus derechos.

Los alentamos a organizarse para defender sus derechos, asimismo como su fe y su cultura. En la medida en que sean protagonistas de su desarrollo personal, familiar y comunitario, realizarán su dignidad como persona y ciudadanos del mundo. 

Proclamamos que la diversidad nos enriquece y no nos divide y nos comprometemos a ayudarles a no perder su identidad al integrarse en nuevas comunidades.

 

2. A las Iglesias particulares:

Nos alegra saber cómo y cuán responsablemente en  muchos lugares del continente americano, la pastoral de movilidad humana a través de múltiples iniciativas y acciones, acoge a los migrantes, hombres y mujeres, con solicitud, delicadeza y amor cristiano. 

El compromiso de muchas comisiones de pastoral de movilidad y otros organismos católicos a favor de los migrantes, en la defensa de sus derechos y en la promoción de una vida digna, es ejemplar.

Sin embargo, en muchos lugares del continente no sucede lo mismo.  Por ello pedimos a las comunidades cristianas acoger, respetar, apoyar al migrante y defender sus derechos. En esta tarea los primeros responsables son los Obispos, pero no los únicos.

La Iglesia en América debe realizar "una acción hospitalaria y acogedora que los aliente a integrarse en la vida eclesial, salvaguardando siempre su libertad y su peculiar identidad cultural" (Iglesia in América, n. 65).

Exhortamos pues a todas las Iglesia Particulares a ser “sal de la tierra” desarrollando una activa y eficiente pastoral de la movilidad.

3. A los gobiernos:

Invitamos a los gobiernos a mantener un enfoque de derechos humanos en materia de migración.

Instamos a todos los gobiernos de América a ratificar e implementar la Convención Internacional para la protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares y a proteger a los desplazados internos, a los solicitantes de asilo y a los refugiados.

Queremos recordarles a los gobiernos la responsabilidad que tienen de evitar asimilar la migración a la criminalización y a no vincular sistemáticamente la migración con el terrorismo.

Les pedimos que combatan el crimen de la trata de personas teniendo en cuenta los derechos de las víctimas y los sufrimientos morales y sicológicos a los que son sometidas. Asimismo, les instamos a ratificar el Protocolo de la Convención contra el Crimen Organizado Transnacional para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y niños.

Les invitamos a abrir vías legales de migración y a garantizar justicia social y a luchar contra la discriminación, el racismo y la xenofobia.

Conclusión:

Al terminar este mensaje no podemos olvidar la situación de dolor y violencia que domina Colombia, sabiendo de las dificultades para encontrar soluciones a corto plazo a dicha situación.

Nos hacemos solidarios con el pueblo colombiano en su dolor y esperanza y les decimos con Jesús: "En el mundo tendrán tribulación, pero, ¡ánimo! Yo he vencido al mundo" (Juan 16,33).  "Dios enjugará toda lágrima de nuestros ojos" (Cf. Apocalipsis 7,17b).Pedimos para toda Colombia la gracia de la paz y la justicia por intercesión de María Santísima Nuestra Señora de Chiquinquirá.

Bogotá, 9 de mayo 2003